8 de febrero de 2007. Día 2.














Finalmente amanecío en El Cairo, comenzó a subir la temperatura y luego de desperezarnos, cargamos las mochilas y salimos a tomar el bus gratuito que une que la terminal de llegadas con el estacionamiento del aeropuerto. Allí, una señora nos indicó que el bus estacionado cerca de ese lugar era el indicado para llegar el centro de la ciudad, así que lo tomamos, por la módica suma de 2 EGP por cabeza.
El viaje duró aproximadamente una hora, durante el cual nos la pasamos prácticamente todo el tiempo mirando embobados por la ventanilla todas las cosas nuevas que iban apareciendo ante nuestros ojos: carteles en árabe, mucha suciedad, conductores locos, bocinazos todo el tiemo...
Un señor nos indicó donde bajar y así lo hicimos, justo detras del edificio rosado del museo egipcio. Orientándonos con el plano pero con mucha dificultad lográmos llegar a la plaza principal, la rotonda Midan Tahrir, de allí tomamos una calle concurrida llamada Sharia Talaat Harb, donde teníamos que empezar a buscar un hotel para nuestras 4 noches en la capital. Pero no fue tan sencillo, primero había que aprender a cruzar las calles: como los autos no paran ni tampoco hay senda peatonal ni semáforos, la clave es avanzar de a poquito e ir tomando posiciones en el medio de la calle, de a poco, dejando pasar a algunos y poniéndonos delante de otros para no dejarlos avanzar y así de a poquito llegar al otro lado de la vereda. Por supuesto que no resultó algo fácil las primeras veces.
Al llegar a la rotonda Midan Talaat Harb decidimos preguntar en el Hotel Tulip, que nos ofreció una habitación doble con baño compartido con agua caliente por 80 EGP la noche, desayuno incluído. Nos parecío justo y aceptamos, al fin pudimos dejar las cosas y descansar un poco, pero enseguida salimos a ver que pasaba afuera. Lo primero fue el museo egipcio, llegamos camiando luego de parar en un locutorio para hacer una llamada de un minuto (5 EGP) a la Argentina, reportándonos vivos. La entrada al museo (25 EGP con carnet de estudiantes) la sacamos en la misma taquilla donde tuvimos que dejar cámara de fotos y filmadora. Luego entramos y recorrimos la mayor parte (es enorme el museo) deteniendonos especialmente en el sector de los tesoros de la tumba de Tuntankamón, con su famosa máscara de oro y en el recinto de las momias (50 EGP con carnet de descuento) bastante impresionante. En total nos habrá llevado 2 horas recorrerlo. A la salida compramos una pepsi y una botella grande de agua por 2,75 EGP en un almacén y luego nos dirigimos a un puente que cruza el Nilo, para verlo. A esa altura eran las 4 pm. y ya el sueño de todo el viaje, más la noche sin dormir en el aeropuerto golpeaban duro, por lo que decidimos volver al hotel e irnos a dormir, aunque todavía era de día. Al segundo de apoyar la cabeza en la almohada nos dormimos.

7 de febrero de 2007. Día 1.


Un vuelo relajado, aterrizando a las 2.00 pm., hora local. Corriendo sin necesidad, tomamos el bus que hace el recorrido desde la T-1 hasta la T-4 la nueva y moderna terminal del aeropuerto de Barajas (MAD). Alli realizamos el check-in con Iberia para el vuelo hacia El Cairo, que partía a las 16.50 hs. Ignorando la nueva normativa para todos los aeropuertos del Espacio Económico Europeo o Schengen, que prohiben transportar en el equipaje de mano liquidos contenidos en espacios mayores a 100 ml., debimos retroceder nuevamente hacia los mostradores de check-in para facturar una de las mochilas de mano que llevábamos, con el shampoo, crema de enjuague, líquidos varios y desodorantes que no nos habían dejado pasar.

El Boeing 737 de Iberia iba parcialmente lleno (o vacío) y sobre las 22.30 horas aterrizamos en el aeropuerto internacional de El Cairo (CAI). Lo primero que hicimos al descender del avión fue dirigirnos a los mostradores de cambio de divisas, algo nerviosos por no decir muy, un tanto sobrecogidos ante el primer impacto de los musulmanes. Allí cambiamos u$s 200 a libras egpcias (1138 EGP) y compramos la "visa de entrada por 30 días" que en realidad es una estampilla como de correo y un sello, que se pegan con saliva en el pasaporte y cuestan u$s 15 por cabeza. Luego de migraciones y de buscar el equipaje, salimos con el carrito a enfrentarnos con Egipto.

Fue un impacto durísimo quizá por el contexto: noche cerrada, frío y nosostros con ropa de verano, iluminacion tenue, gente hablando en voz alta en árabe, mujeres con la cabeza tapada, hombres que se nos acercaban de a 5 o de a 10 para ofrecernos taxi, hotel, excursiones, etc., todo a la vez. Bastante shockeante, digamos que no estabamos mentalmente preparados para eso, a pesar de haber leído mucho sobre este tema. Finalmente apartamos a los buscavidas y nos sentamos en un banquito a esperar que pase algo y tratando de asimilar todo lo que veíamos. Creo que fue algo tonto de nuestra parte, pero estaba firme en mis deseos de no dar dinero de más a nadie y estaba seguro que si aceptabamos la "ayuda" de alguno de estos personajes nos iban a hacer pagar de más por los servicios. Fue un momento tenso, donde llegué al punto de replantearme todo el viaje. Pasó una media hora y nos animamos a movernos, yo fui al baño a cambiarme de ropa y luego lo hizo Gaby, turnándonos para vigilar las mochilas. Era todo rarísimo... al lado de la entrada a los sanitarios había una especie de estructura de madera verde en diagonal a la pared, con alfombras donde rezaban no menos de 3 personas. Entendí que la extraña posición se debía a que estaba orientada hacia La Meca. El baño tenía letrinas, solo un espacio tenía un inodoro con una especie de tubito, con el cual uno sentado sobre el inodoro podía asearse con agua luego de hacer una hipotética necesidad conocida como "numero 2".


Intenté llamar a casa, pero al parecer el código de cobro revertido de VISA no funcionaba con los teléfonos públicos egipcios.
Finalmente el gentío desapareció con el ultimo vuelo de la noche, sobre las 2 am. y nosotros nos dispusimos a pasar la noche alli, muertos de frío, esperando el lejano amanecer y rodeados de policías parados inmóviles en las esquinas y entradas, mientras otros hombres baldeaban y limpiaban el aeropuerto.

6 de febrero de 2007. Dia 0.

Despertada nerviosa sobre las 7 am. Ducha rápida, últimos preparativos, pasa por mi casa un amigo que me acompañaría al aeropuerto, luego de pasada buscamos a otra amiga y allí me llevan mis padres. En el aeropuerto internacional de Ezeiza Ministro Pistarini (EZE) me encuentro con mi novia Gaby y su familia. Luego de una breve despedida nos dirigimos hacia el sector del pago de la tasa de salida de la República Argentina (18 u$s) y desde allí directo al check-in de TAM. El vuelo hacia Río de Janeiro estaba previsto para las 12.15 del mediodía pero salió con media hora de demora, a las 12.45. Antes de embarcar llamé a mis padres para avisar que salíamos bien. Un vuelo algo movido, sobre todo en el último tramo. Aterrizamos en el aeropuerto del Galeao (GIG) sobre las 17 hs. Allí tendríamos una larga espera de 6 horas hasta que a las 23.00 despegó el Airbus A-330 de Air Europa con destino a Madrid.